Sólo importa el Superclásico

El pibe se lleva siete materias a diciembre, tiene menos de un mes para intentar salvar el cuatrimestre, la amenaza de repetir les puede arruinar las vacaciones a toda la familia, pero su cabeza está en otro lado, muy lejos de la escuela: la final de la Copa Libertadores. Y lo querés matar, pero, ¿qué le podés decir si hasta el presidente de la Nación tiene la cabeza puesta en el mismo lugar?

Sea de Boca o sea de River, incluso, transitivamente, sea de Independiente, Sacachispas o Deportivo Armenio, al chico (o la chica, porque que el fútbol no distingue etiquetas de género) sólo le importa el Boca-River (esta semana, en 15 días le importará el River-Boca). No vamos a hablar aquí de la disputa por la fecha, el horario, el público visitante, los festejos en el Obelisco o la sanción al Muñeco Gallardo. El tema es, ¿qué hago si mi hijo/a no puede pensar en otra cosa?

Primero, tenés que saber que es difícil pelear contra esta corriente. En mi trabajo, es discusión de cada mañana. En el grupo de WhatsApp de mis amigos, es motivo de chicanas adelantadas. En el de las mamás del colegio, zozobra que obligó a cambiar ya dos festejos de cumpleaños.

Es lo que hay. Es el país que nos tocó. Podemos debatir horas sobre que es sólo un partido de fútbol y las cosas importantes pasan por otro lado.

Puede ser. Pero también puede ser que haya algunas enseñanzas que deje la pelota y que puedan aplicarse más allá de un campo de fútbol. 

Pensá en eso. En lo que tu hijo/a puede aprender. A disfrutar de las alegrías y entristecerse de los fracasos, sí, pero sabiendo que siempre hay posibilidad de una revancha (¿quién nos dice que en unos años no se repita otra finalísima?). A abrazarse con un desconocido y llorar con él o reírse con él, a establecer una comunidad, a embanderarse detrás de unos colores en común (me gusta siempre pensar que puede ser un aprendizaje para aplicar esos mismos valores a la bandera celeste y blanca y lo que ella representa). A entender que por más que uno ponga todo el esfuerzo (o las cábalas, en este caso) hay situaciones que no puede manejar: acá las manejan los 22 jugadores, los dos técnicos, la terna arbitral y, ahora, también el VAR. Algo muy parecido a lo que ocurre en la vida. 

Por suerte, esta vez, no tengo el problema en casa. Los míos son de Huracán, y más de un dolor de cabeza nos ha traído el Globo (y también más de una alegría). Pero te entiendo perfectamente si tu familia está atravesada por la fiebre del mega-ultra-super clásico de la historia.

Consejo: relajate. Hay que pasar estos días. Surfeemos la ola blanca-roja-azul-amarilla. Esto también pasará. Mientras disfrutemos la previa, más allá del resultado que venga después, y tengamos puesta la camiseta que tengamos.

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