Yo tenía un estéreo

En un capítulo de Los Simpsons, Homero maneja el auto y discute con Lisa por la música. “Cuando yo manejo, yo decido qué radio escucho. Cuando vos manejes, vos vas a decidir qué radio escuchamos”, dice él… y al rato Lisa está musicalizando y manejando.

 

Es mentira que el conductor decide la música. En mi auto, perdí el control del estéreo hace rato. Manejo llevando hijos de un lado al otro y son siempre ellos los que me imponen la musicalización. Al principio, intentaba negociar: ustedes escuchan un disco que les gusta, a la vuelta uno que me gusta a mí. Sí, dije disco, una antigüedad: eran tiempos en que aún eran pequeños, los estéreos tenían CD y el intercambio implicaba negociar un Sapo Pepe por un U2.

Duró poco. Descubrieron la radio, esa que promociona el mismo canal donde veían los dibujitos, y quedó clavada en el dial. Hit tras hit y, cómo decía mi tía Rosa, lo pasan tanto que te terminás acostumbrando. Y así te subís sola al auto, prendes la radio, arrancás y en cuanto te querés dar cuenta estás cantando “Despacito”.

Pero eso también es historia. Ahora suben a la mañana para ir al colegio y ni me dejan escuchar un segundo el informativo para ver si no explotó el mundo. Mi hija se sienta, toca el botón de Bluetooth e inmediatamente se conecta (porque, obvio, el suyo está configurado primero) y pone SU playlist de Spotify.

A duras penas puedo atinar a pedir que respeten mínimamente mi salud mental y no pongan ese reggaetón más pegajoso que detesto. A otras cosas como, de vuelta, decía la tía Rosa, me terminé acostumbrando y hasta me escuché decirles “esta me gusta” cuando suena una de Maluma. Como un síndrome de Estocolmo musical.

Yo alguna vez tuve un estéreo. Ahora ya no: me lo secuestraron. Y sí, cuando vuelvo sola de la “remiseada” maternal, lo primero que hago es poner MI playlist. Aunque sea por un ratito.

 

Foto: Pixabay

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