#Hoverboard

De chica, la extensión de mi cuerpo era un libro. Hoy, la extensión del cuerpo de mi hija Evangelina es un juguete llamado hoverboard¿Saben lo que es? Yo tuve que googlear cuando Eva me la pidió para Papá Noel. 

Es una patineta eléctrica -prima de las patinetas de nuestra infancia y los skate- con dos ruedas, dos motores y juegos de luces LED que, igual que las anteriores, tiene un eje principal: el equilibrio.

La patineta se controla con el peso y, sobre todo, con los pies. De origen chino, fue furor en los Estados Unidos en 2015, siguió por Europa (donde la conocimos nosotras) y terminó desembarcando en nuestra vida en diciembre. 

La ecuación para mi hija y para muchos chicos es fácil: presiona con los pies hacia adelante, activa los sensores y avanza más lento o más rápido según la fuerza que haga. También, puede girar moviendo el cuerpo para un lado o para el otro. Controlados los movimientos, mi hija se animó incluso a ir marcha atrás conspirando directamente contra mi corazón. 

El manual dice que la famosa patineta está diseñada para personas con un peso mínimo de 20 kilos y un máximo de 120 kilos. Puede alcanzar una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora y se alimenta con una batería que puede cargarse cada tres horas. 

Algunos alertan sobre su riesgo en dos sentidos: los golpes y las baterías. He aquí el dilema. 

Nosotras la tenemos en casa y Eva la usa con protección y en un espacio controlado y reducido. Por ahora, todo marcha sobre ruedas para ella. Para mí es una misión imposible. La extensión de mi cuerpo siguen siendo los libros. ¿Qué pasa en casa? ¿Le dicen si o no a la hoverboard?

Foto: Flickr

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