Sí podemos ser líderes

Líderes. En estos días nos vamos a cansar de escuchar esta palabra, justamente, por la cumbre de líderes del G20 que se está reuniendo en Buenos Aires.

Líderes es una palabra “inclusiva”, pero todavía se sigue hablando en primer lugar de “los líderes” más que de “las líderes”. ¿No puede ser ésta una buena oportunidad para reflexionar sobre lo que significa liderar y cómo las mujeres podemos hacer valer nuestros lugares de liderazgo?

Hablando del G20, Magui Choque Vilca fue la verdadera estrella del Women20, el foro de mujeres que se hizo anticipando a la cumbre de presidentes. Fascinó al auditorio de mujeres que escucharon su historia: del rescate de las papas andinas a la ejemplar escuela en Tumbaya donde les enseña gastronomía a los jóvenes de la zona, para que tengan una salida laboral y no necesiten emigrar. Magui dice que tuvo que vencer sus prejuicios para participar del W20. No estaba del todo de acuerdo en cómo se venían encarando ciertos temas relacionados con las mujeres rurales, pero eligió “no quedarme en la queja, sino sumar espacios que me iban a permitir decir al menos lo que pensaba”. Y en esto hay un principio fundamental para apropiarnos de los espacios de liderazgo: no quedarnos en la queja sino hacer, “abrirse paso a los codazos”, apunta Choque Vilca.

A las mujeres nos cuesta identificarnos en el rol de líderes. No podemos ver que no sólo la CEO de una empresa es líder sino que todas nosotras, que gestionamos una familia, trabajamos y atajamos mil platillos en el aire, lo somos. Quizás viste este video que se hizo súper viral hace unos años; si no, tomate un minuto para verlo y después seguimos hablando de qué es ser una líder.

Ojalá las empresas pudieran ver estos valores y capacidades a la hora de elegir una posición. “En nuestra sociedad existe una falta de valoración hacia la mujer (y ni qué hablar hacia el hombre) que no tiene un trabajo pago o un emprendimiento y se dedica a su hogar y familia exclusivamente. A su vez, tampoco es valorado el trabajo no remunerado que tiene la mujer principalmente en su hogar, más allá de su trabajo en la empresa o emprendimiento, que dedica 2,5 horas diarias más que los hombres a tareas domésticas”, avanza sobre este punto Dolores Cortés, fundadora de Lean In Latam, el capítulo local de LeanIn, una ONG dedicada al empoderamiento femenino que impulsó Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook.

Según Choque Vilca, “el desafío del empoderamiento es que tenemos que visibilizarlo con nuestra femineidad, amorosamente, pero sin ningún tipo de temor por ocupar esos espacios, reclamar lo que nos pertenece, que es lo que nos corresponde. No es una cuestión sexual, sino de toma de decisión: la lógica de las mujeres es circular, la de los hombres es lineal”, plantea, y ejemplifica: “Vos tenés que ir a hacer las compras al super y sabes perfectamente que tu hijo tiene que llevar papel glacé mañana al colegio”.

Andrea Del Río —editora de Clase Ejecutiva y Tendencias en El Cronista, conductora de Cátedra de Estilo y moderadora en eventos de liderazgo— tiene una visión diferente. Para ella, las principales diferencias entre el hombre o la mujer líder derivan de los prejuicios de género vinculados con el poder: “Ellos, mandan y nosotras, mandoneamos; ellos lo ejercen, nosotras lo ejecutamos; ellos lo disfrutan, nosotras lo padecemos; ellos se lo merecen, a nosotras nos lo conceden; ellos logran, nosotras llegamos. Así, se naturaliza que el liderazgo es un destino para los varones y una meta (es decir, una ‘opción’) para las mujeres. Sería deseable que, en la práctica, el liderazgo inclusivo, colaborativo y emotivo dejara de asociarse con ‘lo femenino’ como si fuera una versión posible y no el único estilo de liderazgo viable para una sociedad auténticamente igualitaria”, propone.

Este es el punto central: ¿cómo convertirnos en las líderes que estamos destinadas a ser? ¿Cómo dejar una impronta que trascienda las puertas de nuestra casa y nos permita aportar una mirada transformadora en nuestro trabajo, en nuestra comunidad? ¿Cómo lograr escalar de las segundas y terceras líneas a los puestos de toma efectiva de decisiones? ¿Cómo llegar a que una mujer definiendo destinos no sea una rareza? ¿Y cómo, cuando eso ocurre, que esa mujer ejerza un liderazgo desde su propio ser, no imprimiendo un “modo masculino” porque eso se espera de ella?

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Para Del Río, hay que pensar qué es lo que definimos como liderazgo. Para ella, es “la capacidad, pero también la vocación y el compromiso por inspirar. Más allá de los roles formales, el auténtico liderazgo es el asumido, construido, aprendido… Y revisado permanentemente porque es, en esencia, una dinámica que se nutre siempre del presente”. Por eso, prefiere pensar “en el ejercicio del autoliderazgo como condición necesaria o imprescindible para liderar” y esto implica un gran desafío para las mujeres: “Permitirnos las dudas, errores, temores, tiempos, limitaciones que aceptamos en nuestros colaboradores; así como asumir los méritos individuales en vez de ‘licuarnos’ culposamente en los logros colectivos”.

Cortés coincide en la importancia de la confianza y seguridad en nosotras mismas, en nuestras capacidades y potencialidades, para ser auténticas y audaces. “El liderazgo está íntimamente vinculado al ejercicio del poder, y empoderarse es justamente tomar el poder sobre una misma, entendiendo que el poder no se da sino que se toma”, remarca. Y propone la red como una estrategia para potenciarnos: “Ayudarnos unas a otras, capacitarnos en lo que nos haga falta, nutrir el capital social, tomar lo que nos sirve para crecer”, enumera.

Este punto también lo comparte Choque Vilca: “Si nos juntamos y nos empoderamos no tenemos techo”. Y vuelve a la “lógica” femenina: “Una de las cosas más hermosas que nos puede pasar es tener esa capacidad de ver el círculo e integrar. Ese es el lugar que va picando en punta en el emprendedurismo: poder integrar, no competir, mostrar identidad en el saber hacer, valorar al otro… Cosas que están puestas en un sistema que por ahí el mercado lo conoció y asimiló y tienen más valor, pero que son nuestras lógicas nodrizas, que tuvimos desde siempre”.

Quizás el primer paso se resuma, en como bien refleja esta ilustración de Georgia Castellino que elegimos para esta nota, en decirnos a nosotras mismas que estamos listas. Y salir a ganarnos el universo.

 

 

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