2018: el año de las mujeres

Estamos en el medio de una ola. Una ola imparable, que nadie sabe bien cuándo va a romper en la orilla. Y cuando rompa, qué va a pasar. Está buenísimo que eso suceda, porque lo que este verdadero tsunami está revolucionando son años, décadas, siglos, milenios de maltrato. Pero hubo un día —no fue un día, sino el resultado de un proceso— que las mujeres dijimos basta. Fue ahora. Fue este 2018. Ojalá este 2018 sea recordado como el año de las mujeres.

En rigor de la verdad, el empujón enorme lo dio el movimiento #MeToo, que explotó en Estados Unidos en octubre de 2017. Se llevó puesto a uno de los hombres más poderosos de una de las industrias más poderosas: Hollywood. Fue Harvey Weinstein, pero no fue el único. Kevin Spacey, el protagonista de House of Cards, destinado a ser el gran actor de la década, terminó con su carrera fagocitada por las denuncias de abuso sexual masculino. Porque la perversión, el maltrato y el abuso de poder no distinguen género.

Aunque, sí, las mujeres lo sufrimos más. Dios o la naturaleza si se equivocaron en algo: en darle el poder de la decisión del acto sexual al mismo sexo al que le dio mayor fuerza física. Por eso, nosotras somos las que, a priori, estamos jodidas. Pero no lo estamos. O podemos no estarlo. Porque eso no tiene que ser razón para tolerar lo que no queremos. Para tolerar el abuso, la violencia, el acoso.

“Mirá cómo me ponés”, les decía Juan Darthés a las mujeres que denuncian que las abusó. Esa frase genera indignación: trasladarles a ellas la responsabilidad de su imposibilidad de contener sus impulsos sexuales. Somos personas, no animales. Y, señores, si no pueden manejarlos, busquen ayuda profesional.

También te puede interesar: Mirá como nos ponemos

Vivimos en una sociedad en la que las reglas son básicas para toda convivencia. Y la primera, fundamental, debería ser la siguiente: mi cuerpo es mío y yo tengo derecho a hacer con él lo que quiera. Es lo que les machacamos a nuestros hijos desde que empiezan a ir al jardín y nos azota el fantasma del abuso en el ámbito escolar. Es con lo que empiezan a trabajar justamente en el colegio en los contenidos iniciales de educación sexual integral. Es lo que, increíblemente, todavía les tenemos que decir a los tipos que nos avanzan, nos meten mano, se creen que porque ellos “se ponen”, está todo bien en descargar con quién quieran sin que ella quiera.

Varias mujeres que relataron sus situaciones de abuso y usan la misma expresión: “Lo había naturalizado”. Habíamos naturalizado tantas barbaridades, que terminamos creyendo que era el precio que teníamos que pagar por ser mujeres, por ese error divino o de la biología.

 

Pero no. Thelma Fardin se animó a decirnos que no. Nos recordó que “no es no”, que el abuso no tiene que ser tolerado, que el abuso tiene que ser denunciado. Ella y todas las víctimas que expusieron sus historias nos están diciendo que ya está, que ya basta. “Este es un contexto que habilita a denunciar”, dicen los especialistas. Algunas otras voces en los medios y en las redes, pocas por suerte, hablan del peligro del escrache. Pero, ¿a qué mujer se le ocurriría inventar que la violaron? ¿Qué mujer disfrutaría de exponerse al escarnio mediático sólo para sostener un invento? ¿Con qué objetivo se armaría semejante complot?

2018 termina. Y en Argentina, 2018, es el año de las mujeres. Ese movimiento que empezó con el #NiUnaMenos, queriendo frenar la muerte, ahora sigue con el abuso. No tenemos la real magnitud del momento histórico que estamos viviendo. Y vendrán otras olas, en las que dejaremos de naturalizar otras cosas que todavía bochornosamente aceptamos, como que el trabajo doméstico es femenino y que las mujeres no tengamos igualdad salarial y de acceso a las oportunidades laborales. Nuestras hijas —y nuestros hijos, por supuesto— vivirán en un mundo mucho mejor que el que vivimos nosotras.

 

Foto: Ni Una Menos

Dejar un comentario