Planes para un nuevo año

Amo festejar la Navidad, pero los mensajes de buenos deseos los escribo para Año Nuevo. Ahora que pongo estas letras sobre el teclado, descubro recién, tantos años después, el porqué: un día después de un Año Nuevo, hace muchísimos años, mi padre se mató en un accidente insólito. Pero para mí estos días, el cierre de un año, son siempre un comienzo. Es un modo de exorcizar esa tragedia, de entender, como una vez me dijo una amiga del alma, que las historias no tienen por qué repetirse. Nunca me quedo en el Año Nuevo con lo que pasó. Más que hacer balances, me gusta mirar hacia adelante.

Rompo los platos. Sigo esa tradición del Sur de Italia que invita a romper la vajilla vieja, sacando de nuestra vida lo que no nos gustó del año que se fue. Es catártico: revolear una taza descascarada en plena noche subida a unos tacos y vestida de fiesta, te hace sentir que podés todo. Y a los sobrinos les encanta eso que hace después del brindis esta tía loca y forman fila para conseguir su plato que revolear.

Hago planes. Cada año. Me pongo metas. Muchas las repito cada vez e insisto, aunque ya sé que este 2019 tampoco las voy a cumplir (como dormir al menos 8 horas y tomar más agua). Algunas son prácticas, otras son filosóficas; algunas son estrictamente personales, otras involucran el vínculo con mi entorno; algunas son objetivos, otras son sueños.

Pido a la vida me dé la posibilidad de pensar siempre los finales como un principio. Como un círculo, una hoja en blanco, un block de notas donde anotar más y más planes, hasta que mis manos estén viejitas y a mis dedos doblados les cueste escribir. Y que aun así siga poniéndome metas.

Les (me) deseo que tengan su cuaderno lleno de propósitos de Año Nuevo. Que puedan cumplir la mayoría o, al menos, intentarlo. Que sueñen en chico y en grande. Que puedan reconocer y disfrutar los pequeños momentos que construyen la felicidad. Que amen y sean amadas. Que tengan un gran 2019.

 

Foto: Freepik

Dejar un comentario