El brillo de los “momentos perla”

Me gustaría tener un scanner que traduzca lo que una siente cuando se terminan etapas importantes de la vida. La balanza a esta altura sería quizá más clara y no este embrollo de sentimientos que se apelotonan para esta época del año.

En nuestro caso, el 2018 se llenó de “perlas históricas”, esos momentos únicos que con el tiempo recordás y hasta añorás repetir.

Mi scanner emocional hablaría de felicidad, tristeza y estrés. Este año hubo nuevos principios y cierres, presencias y ausencias. Si querés ver, diciembre tiene ese poder arrasador de visibilizarlo todo aunque sepas que los procesos son largos y que nada es de un día para otro.

Nuestro cierre más fuerte fue el final del jardín de mi hija Evangelina. Fue la última escala del viaje de este año.

Les habrá pasado a muchas de ustedes. Cuando un hijo termina una etapa entrás en shock. Es como si una ola gigante te atravesara para dejarte parada en otro lugar.

En nuestro caso, fueron tres cierres: una fiesta en un salón con los padres, el último día de clases con despedida de serpentinas y la entrega formal de diplomas en un teatro ¿Un final a cuentagotas para no sentirlo tanto?

Lloré mucho antes de cada final imaginando escenarios perfectos. Maldita la ilusión que se cuela a veces y enciende luces efímeras. Nos imaginé acompañadas por personas que finalmente prefirieron no estar. Me debilité, puteé por enésima vez al papá de Eva por “amar” a distancia y volví a tomar coraje. Siempre todo se acomoda en su lugar.

Nos vi realmente acompañadas por afectos que sí quisieron estar y que ya quedaron dentro de nuestra “perla” para siempre. Fue mágico ver a amigos y a parte de mi familia abrazando a mi hija. Me quedé sin lágrimas y aparecieron los nervios (muchos) y las sonrisas.

En el salón, bailé con Eva a cocoyo “Jijiji” de los Redondos como en mi adolescencia pero con ella. Sentirla en mis hombros me hizo recordar que es así, que no lo soñé, que el sueño de mi vida creció, está por cumplir seis años y empieza la primaria. La vi bailar la coreo de “Footloose” que había ensayado en casa pero frente a sus amigos y como una ofrenda: ella también va detrás de sus sueños.

La salida del último día del colegio fue un carnaval. Serpentinas, petardos, algún nene llorando… Eva estaba exultante. La diversión es uno de sus hilos conductores. Posó feliz con sus amigos para cuanta foto le pidieron. Las tengo todas guardadas ya en su carpeta de “Egresada 2018”

La despedida fue la entrega de diplomas. El ‘sector Eva’ se ocupó con la abuela Titi, la madrina Sole, la prima Emi y yo. Subimos al escenario a acompañarla y ella vino corriendo entre agradecida y emocionada. Después, abrazó a sus amigos y cantaron. Me impresioné por ¿las coincidencias? El video emotivo de la gala estuvo musicalizado con “I’m yours” de Jason Mraz, la canción que cantábamos con su papá cuando nos conocimos. Para rematarla, él la llamó desde Dakar en el exacto momento que salíamos del teatro. Tiene el don de percibir los “momentos perla”. Quizá ese círculo también una sus puntas algún día.

Me detengo en este cierre porque es simbólico. No fue el único pero para nosotras fue el más importante de todos. La vida está llena de principios y finales.

Esta ola ya pasó y hoy estamos en una playa con el mar más calmo. Igual nunca le temí al oleaje. En mis momentos más importantes siempre estuvo el mar.

Con los ojos bien abiertos -sigo recordando a Solari- amigas MUM brindo por nuestra suerte que es mucha. Mi deseo es que se mojen los pies.

¡Feliz cierre y feliz principio!

Foto: Pixabay

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