Mi hijo sólo quiere jugar al Fortnite

Tu hijo está de vacaciones y lo único que durante el año funcionaba como “freno inhibitorio” desapareció de escena: no hay escuela. Y, si no hay escuela, no hay nada más que hacer en el día que jugar Fortnite. ¿El videojuego sensación es tu peor pesadilla de madre? Bienvenida al club. ¿Tu hijo no lo juega? Disfrutá porque seguro falta poco para que eso empiece a ocurrir.

Es tema de conversación en grupos de WhatsApp, en reuniones, en la puerta del cole, del club o de la colonia, en la peluquería, en cualquier lugar donde nos encontremos dos o más mujeres con hijos varones de entre 8 e… infinitos años. Porque el Fortnite no es exclusivo del género masculino, pero ellos son sus principales consumidores. Y tampoco tiene límite de edad (si el tuyo aún no pasó la barrera de la adolescencia, te cuento que cuando lo haga será peor). ¿Por qué están tan locos por el Fortnite? ¿Por qué no pueden dejar de jugarlo?

Siempre hubo juegos que desatan pasiones. Recordemos el furor del Pac Man que jugábamos en los arcades, o más acá el Minecraft o la fallida fiebre del Pokemon Go. Pero acá hay algo diferente. Expertos en videojuegos explican que reúne lo mejor y más atractivo de otros varios juegos. Hay que matar o morir. Hay que usar estrategia. Hay escenarios. Hay construcciones que hace el jugador. Hay misiones que cumplir, que te permiten ganar dinero para comprar cosas. Hay personajes (las skins que cada uno se pone). Hay bailes. Y, la clave, pueden jugar en red con sus amigos.

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Los chicos juegan partidas. Parece que hasta que no la terminan, no pueden salirse de la Play. Y eso nos desespera a las madres. Como escucharlos insultarse del otro lado del auricular con sus amigos porque alguien cree que lo escamearon (le robaron las armas).

“Es como un partido de fútbol. En la cancha te puteás, pero terminás y quedó en el partido: salís y seguís siendo amigos”, me grafica un colega treintañero, experto e I-Sports (como se llaman a estos juegos que ya tienen “mundiales” paralelos).

Alejandra Rabuini es terapeuta, investigadora, consultora y  ex vicepresidente regional de IPA World, la Asociación Internacional por el Derecho a Jugar. Ella lo analiza desde otra óptica, también tranquilizadora para padres alterados.

“Hay algo de la narrativa del Fortnite que ocupa un lugar protagónico en el espacio imaginario del jugador. Jugar a imaginar que la civilización actual sucumbe y que cada uno puede transformarse en un personaje épico atravesando obstáculos e interactuando con otros que comparten su mismo fin (que no es sólo sobrevivir sino salvar al mundo) es un argumento cautivante desde el punto de vista arquetípico. El relato se enmarca dentro de la clásica estructura narrativa del viaje del héroe y el juego invita a que cada partida sea una aventura virtual compartida con otros donde no hay predeterminaciones sino que cada vez sucede algo distinto. Ser sobreviviente quizá evoque o permita recrear cómo cada uno podría ser protagonista de una construcción activa dicho salvataje”, sostiene.

Quizás el Fortnite nos esté interpelando como ninguna otra expresión en esta generación (la de los niños y pre adolescentes) sobre cómo ocupar nuestro lugar de padres. Cómo ejercer los límites y cómo sostenerlos individualmente y como comunidad. Me parece que sería genial si entre los padres de grupos de amigos pudiéramos ponernos de acuerdo sobre las reglas de juego (tiempos, interrelaciones, gasto de dinero en la aplicación) para ir ensayando cómo va a ser cuando nos tengamos que poner de acuerdo en cosas más pesadas como, por ejemplo, cómo se hace la previa y cómo manejamos el consumo de alcohol.

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Un videojuego puede causar adicción como casi cualquier otra cosa con la que se tenga una conducta desmedida (incluso algo tan bueno como la vida saludable, que puede derivar en un trastorno llamado ortorexia). Aquí, lo importante, como siempre, es estar. ¿Qué podemos hacer? Primero, establecer reglas y límites (por ejemplo, cuándo y cuánto se puede jugar) y hacerlas cumplir aunque nos cueste. Estar atentos para detectar conductas raras (como si el chico quiere dejar de comer o de hacer otras cosas que le gustan). Hablar con ellos: que nos cuenten sus experiencias con el juego, y con sus amigos alrededor del juego. Si hay un problema, escucharlos y no minimizar lo que nos digan porque “es un jueguito”. Y, fundamental, intentar entender de qué va (en esta nota están explicadas las principales claves del Fortnite).

La cultura se crea jugando. Si entendemos la creación como cambio podemos concluir que la cultura también se cambia jugando. ¿Qué más nos vendrá a contar este juego? Propongo que escuchemos a los jugadores del Fornite, que hagamos un intento de entrar en su relato y desde allí los invitemos a entrar en otros nuevos relatos y así seguiremos jugando , re-creando y cambiando la cultura”, cierra Rabuini.

 

Foto: Facebook Epic Games

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