El dilema del peso de la mochila

Arrancan las clases y con ella una preocupación para la mayoría de las madres: “la mochi” y su bendito peso. En mi casa, es una discusión constante. Yo digo que mis hijos cargan “un rinoceronte bebé” en su mochila y ellos retrucan que no pueden sacarle nada porque todo lo que llevan es lo que pide el maestro para ese día. ¿Qué hacer entonces?

Las escuelas que tienen la opción del locker son muy pocas. Los colegios deberían pensar seriamente en este tema al considerar su infraestructura. Mientras, padres y chicos podemos tener en cuenta algunas cosas al comprar y llevar la mochila.

“El sobrepeso de la mochila afecta a más del 42% de los niños menores de 11 años, y sus principales consecuencias son los fuertes dolores de espalda, pero también pueden generar desequilibrios musculares y alteraciones posturales, como escoliosis o cifosis”, advierte sobre la gravedad del problema Sebastian Astorino, presidente de la Fundación Argentina de Ergonomía.

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El peso de la mochila no debe superar el 10% del peso corporal del niño: entonces, si tu hijo pesa 35 kilos, el peso de su mochila no debe superar los 3,5 kilos.

El primer paso para lograr ese objetivo es comprar la mochila junto con el chico, no sólo para elegir  “un diseño que les guste y estimule, sino también para asegurarse que sea acorde a sus características físicas”, recomienda Laura Lichtmaier, directora de Simones, que diseña mochilas y bolsos de distintos formatos y medidas.

Más allá del diseño, es ideal que la mochila cuente con tiras acolchonadas y ajustables para mayor comodidad y que sea de materiales resistentes considerando el uso diario que tendrá. Desde Simones recomiendan también que cuente con compartimentos para llevar distintos materiales, como sobres internos para proteger las pertenencias, bolsillos laterales de red para llevar por ejemplo una bebida o fruta, y compartimentos en la superficie con tapa y cierre de velcro para poder sacar rápidamente pañuelos descartables, por ejemplo. Las viandas escolares deben llevarse en luncheras térmicas.

 

El carrito con ruedas es mucho mejor que la mochila, pero con él también hay que tener cuidados. “A la hora de transportar cargas, siempre es mejor utilizar un medio externo antes que llevar la carga con nuestro propio cuerpo. De todas formas hay que considerar ciertos tips. Por ejemplo, es recomendable que el carrito se utilice empujándolo y no que se arrastre. Si el niño va a utilizarlo arrastrando, lo recomendable es que alterne de un brazo al otro para no generar un desequilibrio y favorecer así la compensación y distribución de la carga. Pero lo ideal sería que lo empuje. La altura de agarre debería ser por encima de la cintura y por debajo del pecho para que se pueda empujar en una postura saludable, si fuese muy bajo haría que el niño flexione su espalda. Finalmente no debe excederse el peso de carga sólo porque se use el carrito”, remarca Astorino.

Si el peso que van a trasladar supera el recomendado, el especialista sugiere dividir la carga: una parte puede llevarse en la mochila y otra en un bolso de mano con manija. Pero también en este caso hay que alternar el bolso de una mano a la otra justamente para compensar.

Lichtmaier apunta un último consejo: acompañar a los chicos a la hora de elegir qué cosas llevar. “Es muy importante para que no salgan sobrecargados y estén expuestos a lesiones y trastornos de la columna —dice la directora de Simones—. A veces no es necesario llevar todo, todos los días. Esto aplica también para las mochilas con carrito que, si bien los chicos mayormente las llevan rodando, por momentos se las cuelgan sobre los hombros o las llevan en la mano”.

 

Foto: Flickr

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