“Ser madre soltera es criar y no criar”

Criar no es fácil y se complica bastante estando sola. Creo que no estoy contando una novedad, pero puedo asegurar que muchas veces es aún más difícil que lo que la mayoría de las personas creen. Ese viernes que Florencia Freijo inició el hashtag #yocriosola en Twitter devoré las historias una tras otra mientras me llenaba de angustia. Varias de esas historias son parecidas a la mía, con otras me sentí muy agradecida por no tener que lidiar con ciertos problemas.

Soy madre soltera desde el minuto cero: como siempre le digo a mi hijo cuando me pregunta por qué no tiene papá, “tu papá no quiso compartir su vida con nosotros”. Sabía que había chances de que esto fuera así para siempre (ya pasaron cinco años del nacimiento de Dante y nunca dio señales de vida). Entonces, en ese momento tuve que afrontar lo que pasaba. ¿Quería ser madre soltera? ¿Iba a poder con tanta responsabilidad? Estaba segura de que quería ser madre, pero no estaba tan segura de poder criar un bebé como quería. Es ahí, con esa duda, que empecé a mirar a las mujeres de mi familia.

Varias de mis primas adolescentes son madres solteras, en un contexto de pobreza, en Corrientes, sin trabajo, sin estudios, viviendo amontonados en una pieza con sus padres. Sin embargo, luchan para darles lo mejor a sus hijos. Si ellas pueden, ¿por qué no iba a poder yo contando con todos lo recursos? Con esto no quiero glorificar ni romantizar la maternidad en niñas y adolescentes, tampoco la pobreza. Ellas son víctimas. No hay presencia del Estado en esos lugares, pedimos educación sexual integral, pero para que haya educación sexual integral, debe haber niños escolarizados y en Corrientes no los hay. “Es responsabilidad de los padres”, escuché muchas veces. Sin embargo, el analfabetismo va ascendiendo en el árbol genealógico. Los derechos de mis primas y de otros tantos niños son vulnerados a diario en las provincias argentinas.

Así, con esa teoría de que, “si otros pueden, yo también”, le dije ¡Hola! a la maternidad. Nunca viví algo con tanta intensidad, con tanto amor y con tanto miedo.

El primer año de Dante, fue mi peor año. El puerperio no es el mejor amigo y mucho menos si estás sola. Las horas se me hacían eternas mientras estaba de licencia y no veía la hora de interactuar con otras personas. Cuando volví al trabajo las cosas empeoraron, Dante quedó al cuidado de mi mamá mientras yo trabajaba. Conseguir un jardín maternal del Estado en la ciudad de Buenos Aires es una odisea a pesar de que deben garantizar la escolarización a partir de los 45 días de vida y contratar a una niñera o pagar un jardín privado es que tu sueldo se escurra de tus manos.

Llegó un momento en que las discusiones con mi mamá eran cada vez más fuertes. Ella estaba atada a un bebé, yo estaba con un cansancio extremo de trabajar afuera y en casa. Tener que trasladarme cual equeco dos veces por día, dormir poco o mal, sentirme sola, me iba comiendo la vida.

Yo estaba fuera de casa casi 12 horas: las veces que me preguntan algo sobre maternidad o sobre la primera infancia de Dante, respondo que yo no lo críe, que Dante es más hijo de mis viejos que mi hijo. Durante sus primeros cuatro años, sólo compartimos un rato a la mañana, la cena y la hora de dormir. Llegué a tener dos trabajos.

Cuando repaso todo esto que viví con la llegada de Dante, entiendo por qué la mayoría de las familias monomarentales están debajo de la línea de pobreza. Tengo la fortuna de haber podido revertir eso y éste es el primer año que lo llevo y traigo del jardín, que comparto los días completos con él y no tengo que preocuparme por lo económico. Pero sé que para la mayoría de las madres solteras no es así y me genera rabia e impotencia.

Ser madre soltera es criar y no criar, es perderte de las cosas más importantes de tu hijo, es tener que priorizar el trabajo a tener una vida porque ya no da igual quedarse sin un techo o sin comer. Es tener un mini adulto al lado que desde bebé aprende a ser autosuficiente, a quedarse con otras personas y a cuidar de su mamá. Es tener que resignar sueños. Aprendés a negociar con las personas cercanas y, como dije antes, yo tuve la suerte de no tener que lidiar con un hombre golpeador, o esos tipos que aparecen y desaparecen jugando con la estabilidad emocional, nunca me faltó para pagar el alquiler o para darle lo necesario a Dante.

#Yocriosola, pero sin la red de familia y amigos que me contiene nunca lo podría haber hecho.

 

Por Rocío Vargas, 31 años, mamá de Dante

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