Bronquiolitis: alerta y prevención

Si tenés un hijo chiquito, cuando empieza a avanzar el frío hay una palabra que se transforma en fantasma: bronquiolitis. Esta enfermedad es un enemigo peligroso, que afecta a 300.000 bebés menores de 12 meses cada año, y que es la primera causa de internación (y también de muerte) en el primer año de vida.

Cuando tenés un bebé, y más si es el primero, datos como estos asustan. Pero lo importante es saber que hay cosas que se pueden hacer para prevenir.

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“La clave de la bronquiolitis está en la prevención”, remarca Ángela Gentile, jefa de Epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y ex presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Para entender qué es la enfermedad y justamente cómo actuar para reducir los riesgos, la especialista explica que uno de los principales causantes de la bronquiolitis es un virus, el Sincicial Respiratorio (VSR). La enfermedad suele empezar como un resfrío, pero después de dos o tres días, el cuadro se agrava porque el virus provoca una inflamación aguda de las vías aéreas inferiores, los bronquiolos.

Un virus, entonces, que se contagia de persona a persona. ¿Cómo? Por el contacto directo con secreciones nasales. Como el virus permanece en las superficies entre seis a ocho horas, se transmite fundamentalmente a través de las manos. Esto hace que el contagio sea frecuente, pero también hay maneras de prevenirlo. La primera, que deberíamos incorporar como regla para todo y todos (haya o no bebés en la casa) es realizar un lavado de manos frecuente y eficiente (ésta es también una de las medidas más efectivas para prevenir la gripe). En este link podés aprender cómo hacerlo y en éste, cuáles son todas las ocasiones en las que tenés que lavarte las manos.

Pero también hay otras recomendaciones para reducir la exposición al virus que causa la bronquiolitis:

  • Impulsar y mantener la lactancia materna, ya que la leche materna confiere protección contra estas infecciones y también contra sus secuelas a largo plazo
  • Evitar la contaminación ambiental con humo, ya sea humo de cigarrillo u otros
  • Evitar el hacinamiento
  • Concurrir a los controles rutinarios con el médico
  • Cumplir el calendario nacional de vacunación y con otras vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él

Se estima dos tercios de los menores de dos años podrían verse afectados por este virus, pero hay grupos que son más vulnerables. Uno de los más expuestos son los bebés prematuros de bajo peso o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo, así como niños con cardiopatías congénitas. Esta población tiene un riesgo entre cuatro y cinco veces mayor de terminar internado por una infección por VSR respecto de los nenes sanos, pero también tienen más riesgo de evolución grave y complicaciones.

En estos casos, hay otra herramienta de prevención que se puede sumar a indicación del pediatra. “En nuestro país contamos con la inmunización pasiva, un anticuerpo monoclonal que actúa como ‘escudo’ para la protección de la población vulnerable, provista por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social. También se recomienda en niños con cardiopatías congénitas con inestabilidad hemodinámica significativa. La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda cumplir con el esquema completo e iniciar la profilaxis durante el período de mayor circulación viral, con una aplicación mensual del anticuerpo monoclonal de hasta un máximo de cinco dosis”, explica Gentile. Si tu bebé es prematuro o tiene una cardiopatía, consultá con tu médico porque el costo de esta medicación —que se aplica en esta población vulnerable sólo durante los meses de circulación del virus, entre abril y julio— está cubierto.

Y hay algo más, muy importante, que los padres podemos hacer: estar atentos a los síntomas, para recurrir a una rápida consulta médica que permita un diagnóstico temprano y una mejor perspectiva en el tratamiento. Hay que tener en cuenta que, cuanto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas. Por eso, hay que consultar ante estos casos:

  • Mucosidad nasal
  • Tos
  • Catarro
  • Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos
  • Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias)
  • Hundimiento de las costillas al respirar
  • Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño
  • Piel azulada
  • Fiebre mayor a 38°C

 

Foto: Pxhere

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