Nunca les vas a ganar a los piojos

Estoy esperando mi turno en la farmacia (lugar donde suelen ocurrirme situaciones cuanto menos curiosas) cuando delante mío le toca el turno a una mujer. Desesperada. Literalmente. Le pide, le implora ayuda a la vendedora. No necesita un medicamento para una enfermedad grave, ni un test de embarazo que puede cambiarle o no la vida. Lo que necesita es… un pediculicida.

La empleada la despacha como quien vende un ibuprofeno, sin entender lo que le está pasando a esa madre. Las dudas que tiene tiene esa pobre mujer, el desconocimiento, la angustia… intenta esbozar una explicación a lo inaudito: nunca le había pasado. La empleada le dice que compre un shampoo, una crema, peine fino, la manda a la punta de una góndola medio escondida. Y ella va. Yo compro mi medicamento (seguramente un ibuprofeno) y cuando voy a la caja ella está aún ahí, cavilando qué hacer, sumida en el desconcierto.

Somos comunidad y ahí estoy yo para acompañarla. Me acerco, le aconsejo qué marca me da resultado a mí, le digo que esa que esta por comprar no, que es como ponerles agua. Recomiendo el peine e insisto en que lo pase todos los días cuando vuelven del colegio. Me dice que tiene dos hijas, de dos y cuatro años. Que las revisa siempre, pero que se los agarraron por primera vez en el jardín. Que no entiende qué pasó.

Le dejo mis consejos y la reconforto, pero me guardo la más dura verdad: querida mía, es una batalla perdida. Cuando te parece que les ganaste, que la loción funcionó, que el peine se los llevó todos, vuelven. Como las olas a la orilla, una y otra vez vuelven. Y ahí estamos una y otra vez, pasando el peine fino. Hasta que en un momento crecen y, con suerte, los “visitantes” deciden colonizar otra cabeza de otros niños, y empezar otra vez el ciclo con otras madres angustiadas.

Resignación. Paciencia. Si tenés suerte, encontrar algún producto que funcione y entretenerlos mientras obramos con el peine (ponerles Peppa Pig en la tele a los más chicos o habilitarles el celular a los más grandes). Nunca les vas a ganar, ni aunque tiñas a tus hijos de naranja: los piojos son el único enemigo más potente que el Fortnite.

 

Foto: Pxhere

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