Toy Story 4 en primera persona

La expectativa era enorme. Habíamos comprado las entradas on line con 15 días de anticipación para no quedarnos afuera. En el medio, volvimos a ver en casa todas las películas de Toy Story para tener la historia fresca. “Má, ¿y si comparamos con las otras pelis para ver las diferencias y los parecidos?”, desafió mi hija Evangelina, de 6 años.

Cuenta regresiva y ansiedad de por medio, llegó el domingo y fuimos a ver Toy Story 4 en pantalla grande. La primera para nosotras de la saga (las otras las vimos en casa)

Con Eva vamos mucho al cine y sus reacciones decisivas son: si le gusta la película, se queda sentada. Si hay algo que no le cierra, empieza lentamente a moverse y/o pararse en la butaca o pasillo y no hay pochoclo que aguante para mantenerla en el mismo lugar.

¿Qué pasó con ella y el tanque de Disney-Pixar? ¿Qué emociones, sentimientos y pensamientos le provocaron? Podría responder con otro tanque de la misma industria: Intensamente.

Hubo momentos de Alegría, Tristeza, Furia, Miedo y hasta Desagrado. Las idas y vueltas que viven los juguetes hasta el final (no se los vamos a contar) la hizo atravesar todos esos estados. Es que los muñecos y sus dueños viven momentos de felicidad y amor pero también de abandono y lágrimas “¡Qué gracioso lo de Forky!”, “Me da pena lo que pasó”, “Me dan miedo esos muñecos que se parecen Chucky”, “¿Y por qué se fue?” la escuché decir a lo largo de la hora cuarenta que dura el filme. Y así.

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A su lado, me emocioné varias veces. Volví recurrentemente a mi niñez, a mis juguetes preferidos y nuestros lazos inolvidables. Es muy lindo ilusionarse con que quizá los juguetes tengan un destino prefijado para hacer feliz a una niña o un niño en especial. Que tengan una misión.

Al compás de las emociones -un eje esencial en tiempos de frías tablets que reemplazan o intentan reemplazar a los juguetes- cuando nos fuimos del cine, hablamos con Eva de las dos frases que atraviesan la película. “Al infinito y más allá” para representar el amor y “Escucha tu voz interior” para conectarte con lo que deseás para ir por ello. Siempre es bueno recordarlo en cualquier formato. En definitiva, un buen mensaje para el que lo quiera oir.

¡Ah! Mi hija se quedó sentada durante casi toda la película.

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