Vacaciones de invierno: amor y odio

Llegaron las vacaciones de invierno. ¿No es el momento más contradictorio del año? Compite con el inicio de las clases y Navidad. Sentimientos encontrados. Amor y odio. La vida misma.

En mi caso, las vacaciones me dan media hora más de sueño. Un objetivo modesto, pero en la escasez de mi descanso, valiosísimo. Como contrapartida, tengo a los chicos todo el día en casa. En verano, la colonia organiza y soluciona cuando los adultos se van a trabajar. Pero acá habrá que recurrir a abuelas, a madres salvadoras o tomarse días en el trabajo, un lujo que no todos pueden permitirse.

No tienen clases y te sentís en la obligación moral de taparles los días de actividades. Cine, teatro, museos, globología, make up artístico. Menos mal que hay opciones gratis, porque si no, las vacaciones te funden.

Y después, la ciudad tomada. Imposible subirse a un colectivo en el horario de los teatros. Ciertas zonas están vedadas al tránsito peatonal: querés caminar por la vereda y te atacan vendedores a bastonazos lumínicos y hordas de niños. Cuando no estás vos manipulando al mismo tiempo un niño y un bastón lumínico.

Ni hablar de los docentes perversos que les mandan tarea. ¿Es necesario? ¿Vas a recuperar en estos 15 días lo que no vieron hasta ahora? ¡Dejalos (dejame) vivir, seño!

Pero tranquilidad. 15 días pasan rápido. En cuanto te das cuenta, ya estás llorando porque tenés que volver a preparar la vianda.

 

Foto: Flickr 

 

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