Semana de la lactancia: el derecho de las madres que trabajan

Después de que nació mi primera hija, volví a trabajar cuando tenía 10 semanas. Tuve mucha suerte en ese regreso siempre complicado. Vivo muy cerca de mi trabajo, a una corta caminata de distancia. Mis jefes respetaron mi reducción horaria y nadie me preguntó dónde estaba cuando me retiraba a sacarme la leche. El sacaleche y mi heladerita se convirtieron en aliados fundamentales. No voy a mentir y decir que es un proceso lindo el de ordeñarte, pero saber que mi beba podía tomar la leche de su mamá mientras yo no estaba con ella mitigaba un poco la culpa que todas sentimos cuando los dejamos para ir a trabajar.

Muchísimas mujeres no tienen la suerte que yo tuve. Están obligadas a trabajar más horas, no cuentan con lugares donde extraerse la leche, o son “mal vistas” por ser madres. Por eso, en esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó un llamado para que se implementen leyes que garanticen a las trabajadoras el tiempo y apoyo que necesitan para amamantar. Esto incluye una licencia de al menos 14 semanas de licencia por maternidad paga, con la recomendación de extenderla a 18. Y que, cuando las mujeres se reincorporen al trabajo, tengan dos pausas de 30 minutos al día y un espacio de lactancia.

La lactancia materna beneficia a la madre y al bebé, y los empleadores también se pueden beneficiar de estas políticas, ya que llevarán a tener trabajadoras más felices, confiables y productivas. La lactancia hace que los bebés tengan menos infecciones y desarrollan un mayor coeficiente intelectual, y sus mamás tienen menor riesgo de cáncer de mama y de ovarios. Pero también hay beneficios económicos. Las empleadas faltan menos porque sus hijos se enferman menos, y si se sienten contentas y contenidas serán más productivas y más leales a la compañía.

Las mujeres no podremos alcanzar la igualdad en el mercado laboral hasta que las empresas, las instituciones (como la escuela) y nosotras mismas no aceptemos la igualdad en la crianza por parte de los hombres. Pero hay algo fundamental para el bebé que solo podemos hacer nosotras: amamantarlo.

Terminada la lactancia, creo, las mujeres tenemos que saber corrernos de ciertos lugares e implicar a los padres de manera directa: tanto mamá como papá pueden faltar al trabajo para llevarlo a un control médico o ir a la reunión de padres de la escuela. Pero en esos primeros meses, somos imprescindibles. Porque, en definitiva, no estamos hablando de un beneficio para la mujer, sino de un derecho para ese niño. El derecho de ser cuidado, alimentado y rodeado de afecto por su madre.

Una versión de esta nota se publicó originalmente en Disney Babble Latinoamérica. 

Dejar un comentario