Día del Niño: ¿te acordás cómo eras?

En el Día del Niño, siempre pensamos en regalos, salidas y en cómo mimar a nuestros hijos. Pero rara vez recordamos nuestros Días del Niño. Y menos nos recordamos niños a secas.

Esta foto es de mi niñez. Cuando era una niña amaba jugar con las Barbies y me soñaba siendo directora de cine, como mi hijo se imagina adulto hoy. Creaba películas en mi cabeza y dibujaba en un cuaderno afiches de otras reales que copiaba del diario. También creaba mis propias revistas, copiando las Burda alemanas que compraba mi tía y de las que no entendía nada. Me desesperaba no entender, tanto como ahora.

Esperaba los viernes porque mi hermano mayor me traía una Rodhesia de regalo. Esperaba tener un bebote, pero la marca de moda era muy cara y tuve que conformarme con uno low cost. Los jeans nevados, con tiradores rojos, sí los conseguí: me los regalaron mis primos.

Hacía la tarea rápido, para poder mirar las novelas de la tarde. Una vez le rompí la puerta del único auto de colección de mi hermano y lo oculté, pensando que nadie se daría cuenta. A veces no tenía ganas de saludar a los vecinos en la vereda y las conversaciones de grandes sólo me importaban si me dejaban participar de ellas. Me ocupaba mucho del estudio, más por ser buena alumna y no defraudar a mi mamá que porque me interesara realmente lo que me enseñaban muchas de las maestras de la primaria.

¿Cuánto hace que no recordás cómo eras? Y cuando hacés este ejercicio, ¿no te reconocés mucho más en tus hijos de lo que imaginabas? 

En este Día del Niño, más que en los regalos quiero pensar en esa conexión. En entenderlos más entendiéndome yo. En ver que a lo mejor no hay tanta diferencia entre el Fortnite y el Instagram, y los consumos que yo hacía. Que siempre, entonces y ahora, fuimos y son niños. Y que la comprensión, el apoyo y por supuesto el amor que reciban de nosotros serán semillas para esos adultos en los que se convertirán casi sin darse cuenta, como también me pasó a mí.

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