Una MUM: Florencia Bertotti

Pudo quedarse en el agua en la que nadó durante años: la actuación. Primero Floricienta y más tarde Niní la ubicaron en un lugar destacado como actriz para siempre. Pudo quedarse recostada en ese colchón cuando dejó la tele. Pero no. Después de estar 15 años dedicada a su familia, volvió a probarse sobre las tablas con “100 metros cuadrados” hace unos meses. Florencia Bertotti (36) arriesga, apuesta, ama y sonríe siempre. Su último gran salto fue cuando creó “Pancha”, su marca de ropa para niñas y niños. Justamente la Florencia emprendedora habló con MUM.

¿Cómo nació Pancha?
Pancha nació como una necesidad. Una vez que fui mamá quería poder manejar un poco mis tiempos, tener un trabajo paralelo y estable que me permita manejar mis horarios. Siempre me había picado el bichito de la indumentaria. Fue la ropa la que me llamó la atención. Nunca encontraba pijamas para mi hijo que me encantaran. Eso fue lo primero que desarrollé y a partir de ahí fui creciendo. Pancha nació como una suma de cosas.

¿Abrió una nueva etapa en vos? ¿Ocupó el lugar creativo que canalizabas en la tele?
Sí, abrió una nueva etapa que fue la de emprendedora. Fue un camino arduo y de mucho trabajo, mucha constancia y también de muchos errores. Aprender a ser emprendedor no es para todos. Tenés que tener una tolerancia alta a la frustración, a la equivocación, al error, a barajar y dar de nuevo. Sin dudas, ocupó un espacio en tiempo: voy todos los días a la oficina, desarrollamos la colección, vemos qué se vende… Desarrollé un costado de “empresaria” nuevo para mí. Fui aprendiendo de prueba y error con experiencia y le fui encontrando el gustito. Y también la creatividad: cuando desarrollamos la colección y vemos qué combinar, se abre un espacio creativo para mí que es lo que más disfruto.

¿Cómo es el proceso creativo de las prendas?
Trabajo con una diseñadora que se llama Lola. Pancha tiene seis años y ella está hace cinco. Desde que empezó a trabajar, entre ella que tiene título y lo mío que es más intuición y gusto personal, armamos una sinergia en la que nos complementamos. En la búsqueda de hacer cosas originales que representen la marca siempre estamos juntas. Hacemos una puesta de ideas, buscamos las telas que hay disponibles en Argentina como para poder abordar cada producción, cada colección y en base a esas telas elegimos una paleta de colores que va a representar esa temporada y le vamos metiendo cositas. Combinando, mezclando, probando. Es un proceso creativo que disfrutamos un montón.

¿Qué te costó más del proceso de emprender? ¿Te favoreció ser conocida masivamente?
Lo que más me costó fue aprender a distribuir la energía, el capital, el tiempo. La parte más difícil fue la administrativa, ir aprendiendo a moverme y manejarme en el campo empresarial. El empuje, el optimismo, la creatividad y el amor por la marca fue siempre lo más sencillo para mí. Pero lo otro no. Tuve que enfrentar los mismos contratiempos que cualquier persona. A lo mejor, por ser conocida, pude acelerar los tiempos para dar a conocer mi marca pero después tiene que funcionar y tiene que ser un negocio e ir para adelante. Ese recorrido lo hice a los tumbos porque no tenía escuela y creo que me pasó lo mismo que le pasa a cualquier emprendedor.

A fuerza de tropiezos y nuevos pasos… ¿cómo siguió el recorrido?
Hoy la marca funciona en redes, en Instagram, en tienda nube. Sin dudas, el negocio virtual superó al real. Nosotros teníamos un local a la calle y después teníamos franquicias y cuando empezamos a vender online nos dimos cuenta de que ahí estaba nuestro nicho más fuerte que fue creciendo y creciendo. Fuimos llegando a más gente, a más clientes en distintos puntos de la Argentina. La pata online fue más rendidora y fructífera que tener un local a la calle. Dimos ese giro y nos potenciamos en redes. Costó porque a mí me gustaba la idea de tener un local y las chicas que trabajaban ahí eran como una gran familia, pero hubo que tomar decisiones en el marco del país. A partir de ahí empezamos a crecer online y nos empezó a ir un poco mejor.

¿Cuál fue la mejor enseñanza que te dio emprender?
La mejor enseñanza que me dejó emprender fue “persevera y triunfarás”. Uno nunca fracasa, sólo produce resultados. Hay que lograr que las cosas resulten y hay que buscar y probar. Siempre hay una salida. Hay que sentarse a quemarse la cabeza para pensar. A veces los que somos emprendedores tenemos un romanticismo por nuestra marca, por nuestro emprendimiento, por todo el trabajo y las horas de dedicación que nos llevó. Por eso, a veces, es difícil pensar solamente en que las cosas den o no den, que los números cierren o no cierren. El aprendizaje más grande es el de la tolerancia a la frustración, caerse y volverse a levantar, y persevera y triunfarás. Nunca está todo dicho. Hay que seguir intentando.

¿Cómo organizás tu vida para cumplir con todo?
En general, tengo la oficina de la mañana una vez que dejo a mi hijo en el colegio. Si no voy, trabajo mucho online, con el teléfono, audio, videito, cámara. Estoy permanentemente encima de lo que pasa con Pancha. En la rutina diaria, voy a la oficina a la mañana, almuerzo y dos o tres parto hacia mis otros trabajos. Hay semanas que puedo ir todos los días y otras dos veces. Trabajo mucho con el teléfono.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Con relación a Pancha, vamos a empezar a hacer ventas internacionales que nos están pidiendo muchísimo. Era un espacio que me daba un poco de miedo abordar y hacer agua, así que estamos desarrollando ese camino de hacer envíos internacionales. Ese es nuestro próximo escalón. Ahí tenemos puestos nuestros ojos.

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