Cardiopatías congénitas: cuidar el corazón del bebé desde la panza

En cada control ecográfico, los futuros papás se emocionan con poder ver a ese bebé que crece en la panza, pero también hay siempre una tensión hasta que el ecografista confirma que “está todo bien”. Aunque, muchas veces, no es ésa frase la que se escucha.

Hasta el 14 de febrero, se celebra en todo el mundo la Semana de la Prevención de las Cardiopatías Congénitas. Lo que busca es justamente concientizar sobre el defecto congénito más común, las malformaciones del corazón producidas durante la vida fetal,  y también informar a los padres que si es diagnosticado precozmente, puede ser abordado a tiempo.

“Las cardiopatías congénitas son las malformaciones del corazón y de los grandes vasos. Éstas pueden ser de estructura y de función, y se desarrollan intraútero, es decir, que el niño las tiene al nacimiento. Algunas pueden ser malformaciones simples y otras muy complejas, requiriendo varias cirugías incluso dentro del primer año de vida”, explica Eugenia Olivetti, pediatra especialista en Cardiología Infantil del Hospital Garrahan y coordinadora del Centro Coordinador de Cardiopatías Congénitas.

Según datos del Garrahan, cada año nacen en el país 7.000 bebés con algún tipo de cardiopatía congénita. Este tipo de patologías ya pueden detectarse a partir de la semana 20 de gestación y el 95% de los casos pueden corregirse mediante cirugía. El diagnóstico y tratamiento tempranos son fundamentales porque las cardiopatías son la segunda causa de muerte en el período neonatal y responsables de más del 10% de la mortalidad infantil.

El primer paso para detectar una cardiopatía lo dará el obstetra en los controles periódicos durante el embarazo. Según explica Horacio Capelli, jefe del Servicio de Cardiología del Garrahan en el sitio web del hospital, la detección temprana consiste, sobre todo, “en saber a quién debe realizarse un ecocardiograma fetal, porque existe un grupo de riesgo que tiene mayores probabilidades de tener un niño con una cardiopatía congénita, por eso el obstetra o ecografista obstétrico debe estar atento, indicar ese ecocardiograma y monitorear la existencia o no de asimetrías en el tamaño de las cavidades o vasos cardíacos”.

Estos grupos de riesgo son las madres con cardiopatías congénitas, con hijos anteriores con defectos cardíacos congénitos y las madres diabéticas, pero también en casos sin antecedentes ni factores de riesgos el bebé puede tener una malformación de este tipo. Los casos en que la cardiopatía se detecta durante la vida fetal tienen un mejor pronóstico de resultado en la cirugía correctora, menos probabilidades de alteraciones cognitivas y de oxigenación cerebral.

Las cardiopatías congénitas debilitan el sistema cardiopulmonar de los bebés y los expone a contraer severas infecciones respiratorias por el virus de la influenza, neumococo y el virus sincicial respiratorio (VSR), causante de la bronquiolitis, entre otros agentes infecciosos. Los bebés con problemas del corazón son grupo de riesgo para el VSR, al igual que los bebés prematuros, y tienen un riesgo de cuatro a cinco veces mayor de hospitalización por bronquiolitis que los bebés sanos.

Por eso, en estas semanas en que estamos todos en alerta por el coronavirus, bien vale pensar en los virus que son habituales en nuestro medio y en cómo prevenirlos. El lavado de manos frecuente y correcto es una medida simple y eficiente para frenar a muchos de ellos. Controlar el calendario de vacunación es otra fundamental para evitar agentes patógenos. En el caso de los niños y de los bebés específicamente, mantener la lactancia materna y en los grupos vulnerables como los bebés con cardiopatías, cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva contra el SVR, que actúa como un “escudo” para su protección y también tiene cobertura gratuita en el sistema de salud.

Foto: Wikimedia Commons

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