Coronavirus: el dilema de querer y cuidar

“Pandemia”, leo en la pantalla de uno de los televisores de mi trabajo. Salgo a la calle y está diluviando. Todo me trae a la memoria escenas de la película “Contagio”, y el recuerdo de la intensa y ardua cobertura de la gripe A en 2009. Hoy tenemos el coronavirus. Y los miedos a flor de piel.

Ya aprendimos todas las medidas de prevención que tenemos que tomar (y que deberíamos aplicar más allá de esta epidemia), como el lavado de manos y estornudar en el codo. Dudamos de si tenemos que seguir dándonos un beso cada vez que saludamos a alguien, o compartiendo un mate.

Yo intento poner freno a la paranoia, pero me preocupa mi mamá, bien entrada por su edad en el grupo de riesgo de este virus que parece querer llevarse todo puesto. Intento entender qué significa el “aislamiento social preventivo”, y cómo aplicarlo para protegerla especialmente a ella. Hablo con compañeros que me dicen lo mismo: su mayor temor son sus viejos.

“Odio del coronavirus que no puedo darles cariño”, grafica mi hijo menor sobre la distancia que hay que imponer para cuidar a su abuela. Inconscientemente, me encuentro dándoles a mis hijos unos besos medio raros, como evitando la mejilla.

Y ahí me doy cuenta de por qué me moviliza tanto este tema. Porque no tememos por nosotros, sino por nuestros otros. Porque estamos hablando de cuidar a los que más queremos y porque en ese cuidado tenemos que limitarnos de lo que más necesitamos de nuestros seres queridos: el compartir, el abrazo, el beso, la cercanía del piel a piel.

Deseamos pensar que pasará y que será pronto, pero nadie sabe la lógica de la virosis. Mientras tanto, tenemos que entender que el límite también es cuidar. Una metáfora de lo que es la maternidad y la paternidad, que el coronavirus nos expuso tan cruelmente.

 

Foto: Pixabay

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