Día de las infancias (en cuarentena): no dejemos de jugar

“Es que yo sólo quiero jugar, mamá”, me respondió Bauti. Llevábamos poco más de dos meses de cuarentena cuando una tarde, esas de laburo infernal, caos familiar y rutinas desbordadas, mi hijo menor, que tenía cinco años (cumplió 6 hace unos días) me dijo esa frase que, literalmente, me partió en dos.  Llevaba diez minutos llamándome: ma, ma, mamá, mami, mamita, mamáaaaaaaaaaaaaaaa. Y yo nada. Estaba tan concentrada en el texto que tenía que entregarle a un cliente, que no reparé en los reiterados llamados. 

Ante la ausencia de respuesta, Bautista empezó a tironearme la remera. Una, dos, tres veces, cuatro, cinco y cuanto más jalaba de mi remera, con más fuerza todavía me llamaba: ma, mami, mamaaaaaaaa. Recuerdo que con cara desencajada me di vuelta y a los gritos le dije “Qué pasa, ¡¡¡qué querés!!!”.  Puchero mediante y ojos llenos de lágrimas, me respondió: “Uo solo quiero jugar”.  ¿Te suena familiar esta situación? Si sos madre y estás desde marzo encuarentenada con tu familia, seguro que sí. No pude sentirme peor ese día. Él, último año de jardín, encerrado en su casa sin ver a sus amigos ni abuelos, tíos, primos. Sin poder salir a andar en bicicleta, ir a la plaza o simplemente salir a caminar. Lo único que quería de mí era jugar un ratito. 

Por suerte tardé pocos segundos en darme cuenta que la que estaba mal ahí era yo, que algo no andaba bien; que este encierro nos estaba volviendo locos y que como familia teníamos que reprogramar todo porque así no íbamos a funcionar mucho tiempo. 

Cerré la compu, lo abracé y le pregunté qué quería hacer. “Jugar con mis superhéroes”,  me dijo.  Se disfrazó de Spiderman y pasamos media hora en su habitación armando peleas y luchas en mundos imaginarios. Mi hijo fue feliz y yo también. Y fue sólo media hora. 

Personalmente esta cuarentena me ha dejado muchas enseñanzas. Una de ellas es a no esperar. Y no se trata de no ser paciente, sino de no dejar pasar más el tiempo. ¿Para qué, con qué objetivo dejamos todo para más tarde? Cuán importante es apoyar la cola en el piso, como dicen muchos profesionales especialistas en infancia. No hace falta que sea mucho tiempo, con media hora es suficiente. Para nosotros no es nada, para nuestros hijos lo es todo. Hace poco escuché una frase que dejó huella en mí y que le prometí a mi hijo cumplir a rajatabla: jamás volver a decir “No tengo más tiempo para eso. Porque eso, en realidad, significa que no tenemos tiempo para vivir”.

Juguemos con nuestros hijos, pasemos tiempo con ellos. 

Feliz día a todos los peques que nos hacen tan felices y son los verdaderos héroes de este loco mundo. 

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