La aventura de Bárbara y Juan: clases on line en altamar en plena pandemia

Bárbara tiene 46 años y es la mamá de Juan, de 7.  Viven en un barco que zarpó desde La Plata y está viajando hasta Génova, Italia. Ahora están en Brasil ¡Sí, leyeron bien! Bárbara comentó una de las notas de MUM sobre el esfuerzo que la mayoría de nosotras está haciendo para acompañar a nuestras hijas e hijos con la enseñanza on line, en medio de otras responsabilidades. Cuando ella nos contó que con Juan estudian entre puerto y puerto quisimos conocer su historia. ¿Cómo hacen para que el nene estudie? ¿Cómo les llegan las tareas en plena pandemia? ¿Cómo pasa de grado? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de viajar y aprender sobre el mar? ¿Es más agotador que en tierra? Nos respondió desde su barco, Goleta Gringo.

– ¿Cuándo y cómo empezó esta aventura de navegar como forma de vida?
– La aventura y la vida a bordo a eran parte de la realidad de Fernando, mi marido.  Mucho antes de rescatar  y empezar con la restauración del barco, él ya tenía otros barcos y vivía ligado al río y al mar. Él es de La Plata y yo de San Fernando. Yo, ligada al río porque mi familia de inmigrantes polacos se instaló en el Delta y mis veranos de la infancia siempre fueron ahí. Por otro lado, soy Bióloga Marina (aunque ya no ejerzo), con lo cual siempre estuve del lado del mar. Nos conocimos hace 12 años y desde el primer día estamos juntos y yo me sumé a su deseo de llevar este barco a Brasil y, desde aquí, continuar con el proyecto de la vuelta a Génova, lugar donde fue construido en 1886 (y al cual no vuelve desde 1933). Los primeros años, me sumé a sus viajes por la zona, por Colonia del Sacramento, el Río Uruguay, etc. Al mismo tiempo, íbamos completando y mejorando detalles del barco. En el camino, también nació Juan, nuestro hijo de 7 años (nacido en hospital pero concebido y criado a bordo) y se sumó a los 4 hijos que ya tenía Fer (Amparo, Aquiles, Clara y Mateo). De ellos, es Aquiles (23) quien también es parte de esta aventura de vivir y viajar a bordo. Después de vivir más de una crisis en nuestro país, nos planteamos que era hora de ponerle fecha de zarpada a Brasil. Eso fue, más o menos, cuando nació Juan. Nos dijimos que era ahora o nunca y pusimos todos los esfuerzos en la última sacada a tierra para pintar, revisar detalles del casco del barco, cambiamos generador, cadenas, equipos de tecnología, etc. Eso nos llevó 3 años y en enero de 2017 la Goleta zarpó de La Plata hacia Brasil.

– ¿Cómo se compone la familia a bordo?
– A bordo vivimos Fernando Zuccaro (60), mi marido  y capitán; Aquiles (23) y Juan (7) Zuccaro; Maximiliano Gallo (32) sobrino que vino de visita antes de la cuarentena y se unió por más tiempo del que suponía; y yo, Barbara Beron Vera (46). Además, tenemos la suerte de que nuestras familias y algunos amigos puedan hacerse alguna escapada y visitarnos en algunos de los puertos en donde paramos.

– ¿Cuál es la ruta de viaje?
– Nuestro objetivo, como destino final, es llegar de regreso a Génova, Italia. El lema del viaje, por así decirlo, es llevar a la Goleta Gringo de vuelta a su lugar de origen (su homeland) . Sin embargo, no nos pusimos fecha sino que vamos viajando y viviendo y conociendo lugares nuevos a lo largo del camino. Vamos viviendo el viaje, no vamos viajando simplemente. Esto nos permite descubrir lugares nuevos, conocer gente nueva -y genial- en cada lugar donde paramos, Juan crece conociendo cosas maravillosas en cada lugar y viviendo experiencias, para mí, únicas. Como vamos sin apuro, intentamos programar los viajes en los recesos escolares de Juan así podemos cerrar una etapa en un colegio y comenzar otra en uno nuevo.

– ¿Cómo se están arreglando familiarmente con la pandemia? ¿Cambiaron hábitos?
– La verdad es que la cuarentena no nos modificó como familia. Viviendo en un barco, estamos acostumbrados a estar mucho tiempo a bordo, tanto en viaje como en puerto. Nos gusta estar acá más que estar en tierra, así somos los que optamos por esta vida (¡somos un poco ermitaños!). Nuestra estadía en la ciudad de Caravelas, en el sur del estado de Bahía (Brasil), se prolongó más de lo planeado (más allá de que nuestros planes siempre son flexibles), porque los puertos estaban cerrados hasta hace poco o porque no es seguro ir de una ciudad a otra en estos momentos de Covid. El cambio mayor fue que se suspendieron las clases en el colegio al que asiste Juan y pasaron a ser en casa, con lo cual no bajamos a diario para llevarlo y traerlo. Solamente lo hacemos para ir al mercado o para dar una vuelta por el pueblo y que Juan pueda andar en bicicleta o jugar con sus amigos. Aclaro que en Caravelas está bastante controlado todo el tema de contagios, es una ciudad chica de unos 10.000 habitantes en donde todo es más fácil. Recién en las últimas semanas empezaron a aparecer algunos casos y la Secretaria de Salud está muy atenta a todas las medidas sanitarias que se toman.

– ¿Cómo se sostienen económicamente?
– Si bien viajamos no tenemos un fin comercial con el barco. Algunos tramos los hacemos nosotros solos y, otros, tal vez los más atractivos por los puertos de destino o porque en el camino tenemos posibilidad de ver ballenas, delfines, tortugas, etc, los abrimos a quienes quieran experimentar un viaje en tall ship (la Goleta Gringo es un barco de unos 40m de eslora -largo- y 8m de manga -ancho-) y compartimos los gastos de la travesía. Nuestro sostén, cada vez más complicado, son algunas propiedades que quedaron en alquiler en Argentina, ahorros, algún artículo que me publiquen en alguna revista náutica y trabajos que se pueden hacer en cada puerto. Por ejemplo, Fernando sabe hacer de todo: es técnico electricista, mecánico, carpintero, herrero, capitán, constructor (casi Ingeniero pero no recibido). En cada lugar al que llegamos, siempre tiene trabajo para hacer, sobre todo en relación a reparación de barcos (motores, velas, etc). Yo estoy abocada a la educación de Juan y a llevar adelante  el día a día de la familia…

– ¿Cómo fue el nacimiento de Juan, el más pequeño de los marineros?
– Juan prácticamente nació a bordo. Solamente bajé a tierra, en La Plata, para que naciera en un hospital con todos los cuidados médicos necesarios. Todo el embarazo fue a bordo y, como fue tan bueno, sólo bajé 5 días antes de la fecha prevista para hacerme el último control. A los 15 días, ya estábamos de vuelta a bordo, contra las opiniones de muchos familiares…  pero tuvimos la suerte de haberlo hecho porque un mes después del nacimiento fue la terrible inundación que hubo en La Plata, en donde se murieron muchas familias (y se mintieron las cifras de muertos). Nos habría agarrado en la casa de mi suegra, a quien el agua (y las cloacas desbordadas) le llegó por encima de las rodillas (por suerte hay una planta alta en la casa). Nosotros, en el río en donde vivíamos, solo vimos que había bastante viento y lluvia. Durante esa noche, se cortó la señal de celular pero no nos sorprendió porque era algo recurrente en la zona. Juan nunca vivió en tierra y suele decirnos: -¿para qué queremos una casa si con la casa no podemos ir a ningún lado? A mí me gusta vivir en el barco.

– ¿Cómo se arreglan con la educación de Juan? ¿Cómo manejan con las clases on line?
– La modalidad de colegio que adoptamos es la siguiente: Por un lado, adecuamos las fechas de viaje a los recesos del colegio, entonces tratamos de que termine una etapa en una ciudad y comience otra en una nueva. Así, venimos haciendo desde que empezó jardín de infantes en Armação da Piedade (Santa Catarina), sala de 5 y primer semestre de primer grado en Angra dos Reis (Rio de Janeiro) y segundo semestre de primer grado y segundo grado en Caravelas (Bahía). Además, el año pasado incorporamos la educación a distancia del SEADE, que es sistema de educación a distancia del Ejército Argentino. Hacemos esto para que aprenda nuestra lengua y nuestra historia. También porque los certificados de estudio de Argentina y Brasil son compatibles entonces si pasáramos más de 2 meses sin que él asistiera a un colegio en Brasil, podría presentar los analíticos de Argentina para anotarlo (y él no perdería tiempo sin clases). El Ejército tiene un programa para familias que viven en el exterior o en zonas rurales, chicos que no pueden asistir al cole por enfermedad o estar internados o deportistas de alto rendimiento. ¡La tienen muy clara todos los profes! Y los padres nos comprometemos a estar presentes en todo el camino, hay que ser responsables y enseñarles que tienen que ser honestos con el aprendizaje. Los exámenes son a distancia y ellos confían en nosotros (y yo soy bastante exigente con el pobre Juan y no lo ayudo en nada en los exámenes…). Este año, el colegio de Caravelas se sumó a la modalidad a distancia y buscamos todo el material una vez a la semana (porque es todo muy cerca acá). Tenemos programadas todas las tardes para hacer las actividades, junto con la profe y los directores a disposición en el horario normal de clases. Se imaginan que yo los necesito un montón porque las actividades son en Portugués, idioma que estoy aprendiendo a la par de Juan!!! (bueno, por suerte me gustan las lenguas y me interesa aprender así que lo veo como un privilegio). Con matemática y las ciencias no tengo problema porque me gustan (recuerden que les dije que era Bióloga). En resumen, de mañana tenemos colegio Argentino y de tarde, colegio Brasileño. Cuando puedo, le agrego algo de Inglés a modo de juego. A veces, como se avanza más rápido siendo sólo una criatura, hacemos todo por la tarde o nos queda libre 1 día. Le respetamos su tiempo lúdico, ya sea a bordo o en la plaza con sus amigos.

– ¿Cómo es el vínculo con sus pares en medio de la pandemia?
– En Caravelas la cuarentena no es tan estricta, hubo un tiempo en que estuvieron cerrados los negocios y colocaron un toque de queda a partir de las 6 de la tarde pero siempre se pudo salir a caminar o estar en la plaza. Siempre con los cuidados sanitarios necesarios… barbijo, distancia, etc. De a poco, se fueron ablandando las cosas. Estamos en un lugar de pocos habitantes y es difícil eso de aglomerarse -no hay gente- y con clima tropical, acá todas las actividades son al aire libre. Por suerte, nunca dejó de salir a andar en bicicleta con sus 2 o 3 amigos o jugar en la plaza. Cada uno con su barbijo (y nosotros, al menos, le enseñamos los cuidados que tiene que tomar sin asustar).

– ¿Cómo hacés como mamá para acompañarlo? ¿Es fácil, es agotador, cómo lo describirías?

Como mamá a bordo, estoy presente todo el día (su papá también). ¡Lo veo como un privilegio! Lográs un vínculo muy lindo, a pesar de que grito como todas, pero me encanta verlo crecer tan cerquita… Siempre lo comento con Silvia Firmapaz, una prima de Fernando que es Directora de Escuela jubilada y me ayuda un montón con sus consejos: el doble papel de mamá y maestra es complicado (no lo soy de título pero en los hechos voy aprendiendo muuucho con mucho material que leo para la didáctica y el detrás del contenido específico que le enseñás -el objetivo más grande). No es fácil lograr que me dé bolilla -en algún momento Juan me decía “vos sos mamá, no tenés que enojarte si no sé algo” y me partía el alma. Terminábamos abrazados y cerrando los cuadernos para ir a jugar (y yo llorando a escondidas)-. Ahora ya voy logrando un mejor manejo de la situación, a medida que él crece y va entendiendo que ésta es una de las tantas tareas de mamá… (Quiero aclararles que no es una división machista de roles, lejos estamos de eso, acá todos hacemos un poco de todo, todos sabemos de todo: a todos nos toca pintar, saber de generadores, motor, combustible, velas, saber timonear, poner en funcionamiento equipos… incluido Juan, que desde chiquito aprendió hasta manejar la lancha por seguridad). De la educación formal me ocupo yo y con el papá aprende de mecánica, de vientos, de motores, etc (lo que es más práctico y se aprende como un juego). Las pocas veces que se quedaron solos haciendo tarea, me llamaban a cada rato para resolverla jajajaja) ¿Es agotador? Es hermosamente agotador ser mamá a bordo. No lo cambiaría por nada.

– ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de criar en el mar?
– Me cuesta encontrar desventajas porque esta crianza va acorde con una forma de vida que siempre elegimos. Quizás la mayor desventaja sea estar lejos de los afectos fuera de nosotros mismos (nos llevamos muy bien todos, estamos mucho tiempo juntos, no hay peleas, gritos, roces, nada… vivimos muy en paz).  Estar lejos de los abuelos de Juan es lo que más me pesa. Fer y yo tuvimos la dicha de vivir con nuestros abuelos y me duele que él no tenga esa posibilidad. De todas maneras, el whatsapp explota porque todos los días habla con sus abuelos -potenciamos ese vínculo en pandemia porque tanto mis padres como la madre de Fer están solos en sus casas y nos duele horrores que estén así-. El consumo de datos de celular se va a las nubes estando lejos pero es nuestra forma de estar presentes. La vida a bordo y en el mar es un poco más sana. El ambiente en que vivimos es más puro, siempre lejos de las ciudades, nos despertamos con el sol y empezamos a preparar la cena cuando se hace de noche (a veces, a las 6 de la tarde). No tenemos edificios que nos tapen el amanecer o el atardecer. No hay bocinas pero hay pájaros.  Por más que tenemos energía eléctrica -generada por nosotros mismos con paneles solares o con generador- no hacemos abuso, las luces se apagan en los ambientes en que no hay nadie y el televisor se prende sólo de noche para compartir una peli en familia. Colectamos agua de lluvia o cargamos en puerto y potabilizamos el agua que consumimos, entonces aprendés a cuidar los recursos. Separamos la basura orgánica -que se tira al mar como lo hacemos todos los navegantes- y la inorgánica que dejamos en tierra. Uno se vuelve naturalmente más sensible y Juan crece en este entorno, incorporando estos hábitos naturalmente. Por otro lado, hasta donde conocemos la vida es una sola y creo que muchos nos estamos replanteando la forma de vivirla.

Más info: www.goletagringo.com y en Instagram: goleta.gringo

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