“Mis heridas son producto de una batalla ganada”

En el Día Internacional contra el Cáncer de Mama, les compartimos el testimonio que escribió para MUM una super mujer y amiga: la periodista Liliana Caruso.

* Por Lili Caruso

Yo me enfermé de cáncer de mama cuando tenía 40 años. Empecé con un dolor en la espalda que me hizo pensar en un primer momento que era mi posición frente a la computadora. Sentía que me dolían mucho la espalda y el brazo derecho. Terminé yendo a un traumatólogo que me había dicho que sí, que tenía una contractura pero que no entendía demasiado el por qué del dolor que yo sentía.

Era enero de 2004 cuando empecé y en febrero me apareció una bolita debajo de la axila y ahí ya me preocupé. Quise hablar con mi médico que estaba de vacaciones y me dijo que esperara hasta marzo a que él volviera. Se suponía que me tenía que quedar tranquila porque en septiembre me había hecho una mamografía y estaba todo bien.

Me quedé tranquila pero seguía con los dolores. Fui a ver al médico en marzo y me dijo algo que nunca me voy a olvidar. Me dijo que podría ser una depilación mal hecha y un pelo encarnado en un ganglio. Yo me quedé sumamente tranquila porque era mi médico de siempre. Me fui a mi casa con los medicamentos y esa bolita  iba y venía. No dejaba de estar. Volví al médico, me cambió la medicación y así pasamos varios meses. Ya estaba casi en junio esperando un cambio pero como no había cambio y la bolita persistía me mandó a hacer otra mamografía.

Cuando me hice la otra mamografía las cosas no estaban bien. Me pidió una magnificación -era la primera vez que lo escuchaba- y me la hice para ver en profundidad lo que él veía. Esa magnificación determinó que eran calcificaciones y que era un cáncer. Mi médico volvió a decirme otra frase que tampoco me voy a olvidar. Me dijo: “tenemos que buscar un oncólogo y un psicólogo”.

A partir de ese momento empezamos a buscar médicos hasta que di con el doctor Mario Katz, que me salvó la vida. Me hizo estudios y una punción -que para mí fue lo más doloroso- y allí determinaron que era malo, que me tenían que operar y que quizás me tenían que sacar la mama derecha. El doctor Katz me dijo “capaz que tengamos que sacar todo y te lo quiero decir”. Me recuerdo diciéndole otra frase que no voy a olvidar. Le dije: “tengo dos hijos y quiero vivir y es lo único que me importa. Con teta o sin teta”.

En ese momento, empezó la preparación para la operación que fue recién el 9 de diciembre. Entre el principio y la operación, perdí casi un año. Finalmente me operé y me sacaron la mama derecha y una cadena de 10 ganglios de los cuales tenía tomados cuatro. En enero empecé la quimio. Las quimios fueron hasta agosto y después, vinieron los rayos todo el mes de agosto. Con la quimio quedaba en cama durante muchos días. No recuerdo bien qué pasó en ese tiempo porque estaba como en una nube, tumbada en la cama.

Sabía lo que venía. Me preparé con conocimientos, pros y contras y decidí encararlo de la mejor forma. Se me empezó a caer el pelo a los 20 días de mi primera quimio. Me fui a cortar el pelo porque no quería verme mal, levantarme de la cama y ver mi pelo en la almohada. Fue realmente traumático. Pero sabía que iba a venir y empecé a ponerme pañuelos y sombreros que siempre me encantaron usar. Lo que hice además fue ponerme a pensar que tenía que salir al frente, que si pensaba en positivo como siempre en la vida, las cosas me iban a salir bien. Afortunadamente no me equivoqué.

Lo que hice también fue, en el tiempo que estaba bien en la semana, pensar en otras cosas que no fueran la enfermedad. Escribí un libro, iba mucho al cine, leía y por supuesto, estaba con mis hijos todo el tiempo que podía. Su papá me ayudó mucho porque ellos eran chiquitos. Eso fue lo más difícil para mi pero ellos estuvieron a la altura de las circunstancias y me ayudaron mucho.

Creo que hay dos cosas muy importantes con esta enfermedad: primero no decir ‘por qué me toco a mí’ cuando en realidad la pregunta es por qué no yo. Y también estar en un grupo que te contenga. Yo fui al psicólogo pero duré un mes y busqué la contención en mis amigos y mi familia, sobre todos en mis hijos y mi pareja de ese momento.

Después de la operación, la quimio y los rayos, fue duro ver las heridas. Pero seguí para adelante y, con el tiempo, terminé poniéndome un implante mamario. Hoy pienso y siento que mis heridas son producto de una batalla ganada. 

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