Históricamente, la cocina en la casa la manejó la mujer. Pero cuando esa cocina es industrial y está en un restaurante, la ecuación cambia. Como si el dar de comer fuera un acto femenino puertas adentro, pero masculino cuando hablamos de una profesión o un negocio. Aún hoy, y pese al gigantesco avance de las mujeres, en todos los ámbitos de la gastronomía, desde un restaurante de lujo a una heladería de barrio, la mayoría de los lugares de toma de decisión siguen ocupados por hombres.

De la lista del influyente ranking 50 Best Latam, en poco más del 20% de los restaurantes la jefa de cocina o propietaria es una mujer. Una de ellas es Narda Lepes, quien en una reciente entrevista en Clarín –justamente a propósito del premio a la mejor chef femenina de Latinoamérica que a esa organización– apuntó a “factores socio culturales, económicos, de género, prejuicios personales del que te va a contratar” para analizar por qué las cocinas no son parejas.

Todas las consultadas por esta nota coinciden. El prejuicio y lo que ha sido así por décadas aparecen como los principales factores de ese desequilibrio en la conducción que marcaba Lepes. También coinciden en que se están produciendo cambios, pero que el camino que queda por recorrer todavía es muy largo.

 

Esta nota se publicó originalmente en Clarín. Podés leerla completa acá. 

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