El nuevo desafío de la pandemia: el hijo cebolla

La pandemia no para de ponernos desafíos. Quizás en esta etapa pensabas que la locura iba a ser la caótica organización de la semana escolar entre burbujas, presencialidad y virtualidad –si tus hijos están con clases en la escuela– como tan bien lo graficó la genial canción “Contacto estrecho” de Los Ravioli (que seguro te llegó por algún grupo de WhatsApp). Pero no. Esta semana se sumó un nuevo desafío: el termómetro.

“Abrigo suficiente”, remarca la indicación que recibí en el mail del preceptor del colegio organizando las próximas clases. “Sugerimos que puedan vestirse en capas para ir retirando las capas exteriores si sienten calor”, sigue el preceptor, explicando que, lógicamente y como debe ser, en las aulas se mantendrá la ventilación abierta y cruzada.

El niño cebolla es entonces el nuevo capítulo de la pandemia. Y recuerdo cuando eran chiquitos, que yo –repitiendo lo que hacía mi mamá conmigo y que me juré y perjuré que no iba a hacer– los corría con el saquito para que no tomaran frío. Pues bien, lograr que no tomen frío este invierno con todo abierto va a ser tarea difícil.

Mi hija no sólo se fue a la escuela hoy con tres camperas, como se ve en la foto, una de algodón, una de poliéster y una de polar guardada en la mochila al igual que el cuello de lana, sino que directamente se llevó también una manta para cubrirse las piernas. El termómetro marcó 8 grados. Mañana pronostica 5. Y todavía estamos en otoño.

Va a ser duro este invierno. Pero, más que nunca, hay que pasarlo. Aguante el niño cebolla, y las madres que taladraremos –porque para algo somos madres– con el “abrigate”. Esta vez tenemos respaldo.

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