Los beneficios de jugar con masa

Si tenés un hijo o una hija pequeño o pequeña, hay una actividad divertida que tiene muchos beneficios para ellos: el juego con masas. Si aún no lo exploraste o tenés dudas (¡la masa no ensucia!), te compartimos esta columna de Florencia Casabella, psicoanalista y socia fundadora y directora de Désir Salud, sobre por qué incorporarla a la rutina de juegos.

Uno de los elementos privilegiados para el juego infantil es la masa y desde muy pequeños los niños disfrutan del juego con masa siendo que además, en la actualidad, han aparecido nuevos formatos y texturas que permiten el acceso a este juguete tan poderoso desde edades cada vez más tempranas. Muchas familias disfrutan no solamente del juego con masa sino también de su elaboración casera, favoreciendo mucho más aún la creatividad y el encuentro.

Sobran los motivos para recomendar el juego con masa ya que se trata de un elemento que es muy accesible, que estimula la imaginación y la versatilidad en la creación y que favorece al desarrollo de funciones motoras esenciales. Jugando con masa los niños pueden explorar sus propias capacidades motoras y conocer lo que son capaces de producir con sus propias manos.

Por otro lado, en el juego desarrollan la exploración visual a través de los diferentes colores, la exploración olfativa a través de los diferentes perfumes y, si son comestibles aparece el gusto y podemos estar tranquilos si el pequeño decide probar su sabor. En la actualidad, han aparecido además diferentes tipos de masas con texturas elásticas, otras con texturas arenosas y, por supuesto, la clásica plastilina, todas ellas capaces de transformarse en comida, animales, muñecos, letras, números y todo lo que el niño desee crear.

En el juego con masa los niños adquieren muchas habilidades propias de su desarrollo y en la acción de separar la masa, cortarla en pedacitos para luego volver a unificarla, se ponen en juego habilidades propias de la motricidad fina. Por otro lado, favorece la relajación y la concentración tanto como el desarrollo de la integración sensorial a través de la exploración.

En la clínica con niños, solemos utilizar las masas para conocerlos y suele ser una excelente vía para la expresión de emociones o ideas. Algo muy habitual de observar en el juego con masa es que a través de ella los niños pueden construir mundos imaginados pero también pueden expresar emociones e impulsos destructivos, propios de la constitución subjetiva.

Jugando con masa vemos a muchos niños disfrutar de romper, deshacer, separar y destruir una y otra vez lo construido sin ningún tipo de prejuicio o sanción, actitud que no les es posible desplegar con cualquier otro tipo de juguete con la misma libertad.

Además, resulta fundamental destacar el papel favorable que tiene el juego con masa en el proceso de adquisición del control de esfínteres. En la etapa en la cual los niños adquieren el control de esfínteres comienza a desarrollarse un interés por las heces y por el material desechable, para el cual el juego con masa resulta privilegiado por sus propiedades. En este período suelen comenzar a aparecer en algunos niños expresiones de asco o de no querer ensuciarse que, en un extremo, pueden inhibir el acceso a la adquisición del control de esfínteres. En estos casos, el juego con masa acompaña a los niños en la sublimación de esas expresiones a través del espacio lúdico facilitando que el desarrollo del control de los esfínteres se de con mayor naturalidad.

Los adultos podemos acompañar la creatividad y la imaginación que los niños despliegan con la masa, valorando sus producciones y el aprendizaje que despliegan en el espacio lúdico.

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